Lo vio entrar solo al cine a la última función de las 10 PM. Estaba seguro de que era el único que había comprado boleto y entraría a esa función pues ya habían pasado más de cuarenta minutos sin que nadie se parara en el cine, ya fuera para comprar boletos o para adquirir refrescos o palomitas en la dulcería del cine donde él estaba encargado. Le dijo a su otro compañero de dulcería, al cácaro, los de limpieza y el de las entradas que se fueran a descansar y que el se encargaría de cerrar. Como era viernes en la noche nadie dudó en tomar su oferta y se fueron de inmediato. Dejó que arrancara la película y a los quince minutos la cortó, encendiendo las luces de la sala para adentrarse a su tan anhelado encuentro. ¡Quien diría que a los tipos como tú les gusta venir al cine solos en viernes por la noche! Gritó Alfonso entrando a la sala listo para cubrirse de gloria.
Cocoyoc, Morelos, como muchos lugares de México denotaba dos realidades. Por un lado estaba la gente con casa de fin de semana, alberca, cómodos jardines y campo de golf. Por otra parte, estaba la gente que hacía su vida día a día en el pueblo, tratándose de ganar el pan reparando calzado, vendiendo tacos o pintando bardas. En este segundo grupo entraba Alfonso Memije López, hijo único de Crispín Memije y Ofelia López ambos ya fallecidos. Aunque era soltero no había podido encontrar en Cocoyoc la estabilidad económica que deseaba, pues haciendo trabajos de jardinería ocasionales con su tío-abuelo Samuel, juntaba apenas dos mil pesos al mes y los puestos de velador en las casas de los ricos eran muy peleados y apenas pagaban cuatro mil pesos mensuales, lo que tampoco le alcanzaba para echar a andar su soñado taller automotriz.
Sin dinero y sin novia, con nostalgia recordaba sus épocas de galán, lástima que hubiera embarazado hacía ya ocho años a Rosita Sánchez y hubiera tenido que salir corriendo de Cuautla por no querer hacerse cargo del niño, además de tener miedo de alguna venganza de los familiares de Rosita quienes no gozaban de la mejor de las reputaciones. En medio de la incertidumbre y el pánico, escapó a Cocoyoc con su único familiar, el tío Samuel, para buscar empezar de cero, lo que hasta la fecha no le había traído resultados. Con frecuencia veía que gente nativa de Cocoyoc volvía al pueblo sin encontrar trabajo en ciudades grandes como Cuautla y Cuernavaca e incluso la Ciudad de México, la desesperanza se acrecentaba y comenzaba a pensar que la solución sería irse a buscar suerte en los Estados Unidos de América.
Su tío Samuel ya tenía experiencia en cruzar al otro lado, por ello acudió a su consejo para ver quien lo podía ayudar. Don Samuel le dijo que el coyote que le había ayudado ya había muerto, pero recientemente había escuchado que uno de los hijos de aquel coyote de Cuautla rondaba la plaza principal de Cocoyoc los domingos en la noche.
Aquel domingo frío de mediados de diciembre, Alfonso acudió a la plaza principal del centro de Cocoyoc con el propósito de encontrarse con el coyote y entender como cruzar al otro lado. Eran cerca de las 11:30 pm cuando vio que únicamente quedaba un hombre sentado en una banca de la plaza principal. Al sentarse a su lado, el hombre de la banca lo analizó de pies a cabeza, deteniéndose momentáneamente en su rostro como si ya lo conociera, le tendió la mano y comenzó la introducción:
Que tal buenas noches, dígame para que soy bueno por favor. Buenas noches, pues fíjese que ando buscando irme para Estados Unidos porque aquí la mera verdad no encuentro nada de jale. Ya veo, solo que si le voy adelantando que los gastos no son baratos y hay que traer buena condición física para el cruce. No me preocupa la condición, ya con la idea de ir a encontrar mejores oportunidades yo creo no me para nada y pues del dinero dígame por favor cuanto sería. Son $50,000 pesos, pero ya verá que en cuanto se instale por allá de volada los recupera. Que bueno que menciona eso porque la verdad no tengo quien me de la primera chamba, ¿ustedes tienen algún conecte allá? Seguro que sí, en cuanto crucemos nuestra gente del otro lado los acerca a la primera ciudad y les dan hospedaje los primeros días, también les explican donde se puede conseguir jale para los que van llegando. Pues suena a todo dar, voy a tener que romper el cochinito para pagarle pero ya no me queda de otra, ¿cuándo salimos? La primera salida es pasando las fiestas navideñas y el año nuevo, saldríamos para allá el 2 de enero a las 3 de la mañana. ¿Y cuál es el recorrido? De aquí salimos en una de nuestras camionetas hasta Piedras Negras, Coahuila, es un recorrido como de 16 horas así que estaríamos llegando por allá a las 7 de la noche para cenar, descansar y alistarnos para el cruce a la madrugada siguiente. Perfecto pues por acá nos vemos el 2 de enero, ¿Cuál es su nombre? Me llamo Damián, mucho gusto y usted, ¿cómo se llama? Alfonso Memije para servirle. Damián sonrió ligeramente y se despidieron.
Alfonso pasó las fiestas de forma muy tranquila en compañía de su tío abuelo Samuel, solo se emborracharon juntos en casa durante el día de navidad pues no quería llegar con una cruda mortal al inicio de su expedición. Agarró sus 30,000 pesos ahorrados durante los últimos años, más otros 25,000 pesos que le prestó el tío Samuel y la madrugada del 2 de enero caminó hacia la plaza principal de Cocoyoc para encontrarse con Damián quien ya lo esperaba forrado en chamarras junto con los demás tripulantes de la camioneta, todos ya listos para ir a buscar un mejor futuro en los Estados Unidos de América. El camino hasta Piedras Negras transcurrió sin inconvenientes, pararon un par de ocasiones en gasolineras para llenar el tanque y comprar sándwiches y refrescos. Durante el trayecto Alfonso imaginaba como sería su vida del otro lado de la frontera, y si los paisajes y ciudades de Estados Unidos tendrían similitud con los de México, o sería de plano algo totalmente moderno y deslumbrante para sus ojos. Una vez que llegaron a Piedras Negras alrededor de las 8 de la noche, se instalaron en una bodega donde habían varias personas que parecían ser los socios de Damián. El nerviosismo era latente en Alfonso y los demás migrantes, pero Damián y sus socios tranquilizaban a sus clientes dándoles indicaciones precisas de cómo sería el cruce, alentándolos diciendo que nunca se les había quedado alguien atrás.
A la 1 de la mañana del 3 de enero los siete aventureros migrantes, Damián y un socio suyo comenzaron la expedición para cruzar la frontera con una temperatura helada de cinco grados centígrados bajo cero. El cruce por el desierto era cansado, lleno de plantíos secos que se pegaban a los zapatos y de rocas que complicaban el andar de los migrantes y los coyotes, sin embargo, nada parecía poder detenerlos. De pronto, escucharon el ruido de camionetas que se acercaban a toda velocidad arrojando potentes luces en medio del desierto. Justo detrás de una pequeña loma, los coyotes hicieron la indicación a los migrantes para que permanecieran acostados pecho tierra. Como Alfonso era el que se veía más atlético de los migrantes, Damián le pidió que corriera junto con él hasta unas grandes rocas para esconderse ahí y dar indicaciones a los demás de cuando pudieran salir, mientras permanecían ocultos bajo el cuidado del otro coyote. Sin poder pensar detenidamente lo que Damián le estaba indicando por la premura de la situación, Alfonso aceptó y en cuanto el coyote contó hasta tres salió corriendo disparado hacia las rocas, pero a mitad del camino se dio cuenta de que Damián solo había hecho la finta y realmente no había continuado corriendo más allá de un par de metros. A la distancia alcanzó a ver que Damián y los demás corrían en una dirección contraria a la suya y cuando quiso corregir el rumbo las luces de la policía fronteriza lo alumbraron por completo. Tirado en el piso y esposado por los oficiales gringos soltó lágrimas de impotencia sabiendo que su sueño había llegado a su fin. Estuvo varios días guardado en una celda diminuta bajo la custodia de la policía fronteriza mientras preparaban todo para regresarlo a casa.
De vuelta en Cocoyoc, lo primero que hizo fue ir a buscar al tío Samuel para platicarle de la desgracia que le había ocurrido. Su tío lo trato de consolar sin poder entender la aparente maniobra siniestra de Damián el coyote que Alfonso tampoco lograba comprender por más que lo meditaba. Para darle algo de esperanza, Samuel le dijo a su sobrino que hacía un par de días escuchó en el radio que en Cuernavaca acababan de abrir un cine nuevo y que estaban contratando gente, no pagaban mucho pero era algo para empezar. Alfonso podría vivir con la amiga del tío Samuel, doña Enedina, quien lo recibiría con gusto hasta que le alcanzara para poder rentarse un cuarto en otro lado. Consiguió el trabajo como encargado de la dulcería en el nuevo cine de Cuernavaca y se instaló en un cuarto de la pequeña casa de la señora Enedina, su sueldo de 5000 pesos mensuales no le daba para mucho pero poco a poco se iba ajustando a su nueva vida aunque de forma muy triste. A menudo soñaba con vengarse de Damián por haberlo dejado solo a la mitad del desierto y anhelaba el día en que lo volviera a ver para ponerle una buena golpiza.
La nueva rutina de Alfonso era automática, despertarse, hacer un poco de ejercicio y desayunar para después bañarse e ir a trabajar en el cine de 12 del día a 10 de la noche. Los días parecían no tener matices distintos, salvo por algunos de sus días de descanso en los que aprovechaba para ir a visitar al tío Samuel en Cocoyoc y caminar un poco por los cerros.
Una mañana de viernes en el mes noviembre que pintaba ser como muchas otras, Alfonso despertó exaltado por haber soñado vívidamente su rencuentro con Damián en el que al fin cobraba su venganza ahorcándolo hasta la muerte. Al despertar, se sintió triste por el hecho de que solo hubiera sido un sueño y se adentró en su automática rutina, corrió una hora y después desayunó huevos revueltos con jamón para irse a trabajar al cine. Como era viernes por la noche, el día le transcurrió lentamente, pues solo pensaba en terminar de trabajar para irse a la fiesta de su amigo Eduardo. Estaban a punto de ser las 10 de la noche cuando se preparaba para cerrar todo porque ya tenía rato que nadie entraba el cine, cuando de pronto vio llegar a Damián solo, causándole una euforia que le calentó la sangre como nunca antes en su vida. Corrió a esconderse en el baño para que Damián no lo viera y ahí planeó decirle a sus compañeros que se fueran a sus casas y que el se encargaría de cerrar el cine. Una vez que sus compañeros se marcharon apresurados, aceptando su inédita oferta, subió al cuarto de proyección para cortar la película y encender las luces lo cual seguramente llamaría la atención de Damián. Al fin, su momento de cobrar venganza había llegado por lo que se adentró en la sala diciendo ¡Quien diría que a los tipos como tú les gusta venir al cine solos en viernes por la noche!
¡Ponchito pero que gusto verte! Respondió sarcásticamente Damián. Dudo mucho que te de gusto verme cabrón, seguramente ya sabes que me muero de ganas de ponerte una buena madriza, pero primero te voy a dejar que me expliques porque me dejaste ahí tirado en medio del desierto y luego nos emparejamos. Me asombra que seas tan despistado y nunca me hayas reconocido pero bueno era de imaginarse después de cómo te comportabas en Cuautla como si fueras el galán del pueblo sin tirarle un pedo a nadie más que a las que te querías echar. Yo era muy joven y menso cuando vivías en Cuautla, pero fui creciendo con ganas de vengarme de ti. Cuando me fuiste a buscar para que te cruzara al otro lado supe inmediatamente que te iba a dejar a medio desierto por la chingadera que le hiciste a mi hermana. Te has de acordar de mi hermana Rosita y de que te escapaste de Cuautla dejándola embarazada ¿o no mi ponchito? Alfonso se puso blanco del susto y por un momento dudó si salir corriendo o ir a tomar su tan esperada venganza. Se arrancó corriendo por las escaleras de la sala de cine para golpear a Damián, a quien vio desenfundando un arma de adentro de su chamarra, sin embargo, se resbaló torpemente y se fue de cara al suelo provocando fuertes carcajadas al coyote. Después de resbalarse no tuvo dignidad para ir a vengarse y salió corriendo de la sala de cine, sabiendo que esta vez su escape tendría que ser a algún lugar mucho más lejano que Cocoyoc y que tendría, una vez más, que iniciar una nueva vida contra toda su voluntad.