-Tememos que el árbitro no coopere y se pierda todo el dinero de la apuesta patrón, la verdad es que no quiere jalar con nosotros. Los dueños del equipo de la comunidad proporcionamos con unanimidad la misma respuesta a Don Espuelo Casasola, el líder del cártel de los cabezas de morsa. -Pues a mí me valen madre sus temores y lo que piense el árbitro, más les vale que arreglen el juego a favor de su equipillo llanero, si no ya saben lo que les pasa a ustedes y a él. Salimos pálidos de la reunión pensando en el problema en que nos metimos por fondear un equipo amateur con dinero de un narco, al que encima se le había ocurrido apostar diez millones de pesos en la final de la liga de fútbol local.
Fuimos directo a la cantina. -Nosotros nos metimos en esta bronca y ahora nos toca solucionarla. – Nos dijo con voz aguardientosa Don Rubén. -Pues como el árbitro no se vende, mejor dividamos el dinero entre los jugadores para que se motiven y ganen la final -sugirió don Emiliano, el más joven de los dueños. Un día antes del juego reunimos a todos los jugadores y repartimos entre ellos el millón de pesos que nos había dado Don Espuelo para comprar al árbitro.
El estadio municipal estaba completamente lleno para ver la gran final. Sudábamos frío y devorábamos pepitas en la grada cercana al palco donde estaba Don Espuelo. El equipo rival ya se encontraba listo en el terreno de juego. Nadie se explicaba porque los jugadores del equipo de la comunidad no salían a la cancha. Corrimos a los vestidores sólo para encontrar una nota que decía: Gracias por la lana rancheros.
*El reto de este ejercicio era escribir un cuento de principio a fin con máximo 300 palabras, que iniciara con la palabra tememos o deseamos y estuviera narrado en primera persona del plural (nosotros.)